Si ayer pude disfrutar de una bajada de temperaturas (aunque fuera mínima), hoy volvíamos a tener de nuevo un enorme sol que coronaba la pista de atletismo.
En esas condiciones lo único que puedo hacer es buscar la sombra, corriendo por las calles externas, con mucha paciencia y sin forzar demasiado, ritmos suaves y sabiendo que antes o después acabaría claudicando.
Un 3000 después y la rendición ha acabado llegando… suena un poco mal dicho así.
Me meto en el gimnasio, unos minutos de elíptica y musculación, como echo de menos tener aire acondicionado ahí, unos ventiladores de techo que estos días no es suficiente.
Dicen que sarna con gusto no pica…
