5:45… me despierto por gusto, no es una obligación, es mi lucha diaria constante por intentarme buscar el hueco por hacer algo que me encanta y que sé que luego será bastante improbable hacerlo (tras la jornada laboral).
Una vez en la pista (es la pista últimamente, pero podría ser el asfalto de las calles) te das cuenta de que arrancar es toda una odisea, primeras vueltas a un ritmo bastante discreto… al que le siguen otras que siguen siendo discretas pero un poquito mejor.
Al final acaba saliendo una sesión insípida de running, compartes algo en las redes y a comenzar la jornada.
Ayer salió todo un poco peor que hoy, y esta mañana tampoco ha salido aquel entreno en el que he tenido la sensación de ir sobradísimo…
De hecho esta semana he ido muy a contrarremolque, me faltan fuerzas y supongo que es porque todavía tengo algo de «resaca» de la carrerita del domingo.
Hoy viernes, esos viernes a los que a veces le he metido caña y le he dedicado mi esfuerzo a las series o a la velocidad, se ha limitado esta vez en dar unas vueltecillas y a aguantar a un ritmo más o menos decente para mí.
Y no me avergüenzo de los días malos, porque esos son infinitamente mejores que simplemente no correr.
Este fin de semana más…
