Desde que comencé a correr en el 2002, siempre había algo que yo consideraba crucial, más allá de obtener unos resultados o unos ritmos, era conseguir que correr no me costara un esfuerzo, que tuviera la misma facilidad corriendo que caminando.
A lo largo de los años he ido cumpliendo pequeños retos, mis pequeñas metas.
Y esa idea del esfuerzo en los entrenamientos es algo que me ha servido como indicador del estado de forma.
Es curioso, tras la operación, al volver, las sensaciones iniciales eran duras, de hacer un gran esfuerzo para correr a ritmos (que en teoría) eran muy lentos para mí, teniendo como referencia lo hecho antes de la operación…
Esas sensaciones han ido cambiando, y poco a poco he vuelto a recuperar la percepción que tenía antes, también ha ayudado la bajada de temperaturas, y haber corrido en asfalto, la primera carrera, las pocas sesiones de musculación (aunque solamente sea piernas de momento) y eso luego sirve para ser capaz de ir un poquito mejor cuando corres sobre plano o en la pista.
Hoy por ejemplo he tenido esa sensación, sin ir a ritmos demasiado altos, con las New Balance 1080, me sentido muy agusto.
Por cierto, mejores tiempos con esas zapatillas que hace unos meses, se nota que estoy algo más fuerte.
Más allá del ritmo, lo importante es ver que no me ha costado en exceso y luego, una vez acabado el entreno es cuando echas un «vistacillo» a las pulsaciones y ahí ves que realmente hay mejoría.
Ahora estoy en ese punto en el que correr ya no cuesta, y a partir de aquí a seguir haciendo «cositas» para continuar creciendo.
